Cuando su profesor de marinera norteña le preguntó de qué color quería su falda, ella respondió sin titubear: rosa fuerte. Él la miró perplejo. ¿Por qué no podía escoger un color más acorde con los cánones? ¿Por qué tenía que escoger el mas llamativo de los colores primaverales? ¿Qué tenían de malo los colores tradicionales como el rojo o el rosa suave. No. Ella estaba eligiendo el rosa exacto de las flores de cayena. ¡Qué ganas de dar la contra!
A pesar de no estar de acuerdo, el profesor aceptó el color pedido y organizó todo para que se viera equilibrado. Sentía que iba a desentonar en el baile de parejas en medio de todos los demás participantes pero finalmente, era ella quien estaba pagando para participar en ese concurso. Era su asunto si quería ridiculizarse voluntariamente y al bailarín no le importaba usar el color que fuese. Era su chamba.

