Finalmente la encontraron.
Recostada en aquel futón, mirando risueñamente las variopintas formas dibujadas en el techo de aquel extraño lugar. Sus manos y brazos danzando al ritmo de la flauta; sus caderas al son de los tambores que se oían en la canción.
Su expresión era de total entrega y relajación.
Se veía hermosa.
